domingo, 26 de octubre de 2008

El mundo después del crash, por Joaquín Estefanía

Hay en economía un concepto más enérgico que el de recesión para explicar lo que está sucediendo: depresión. La depresión es más grave y duradera que la recesión, y se manifiesta en el frenazo en seco de la actividad, la debilidad de la demanda, la contracción del comercio internacional, el incremento del paro, la caída del poder adquisitivo, etcétera, todos ellos procesos muy dolorosos y contrarios al progreso. Pues bien, el profesor de Economía de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini, el gurúque se ha hecho famoso por haber anticipado la crisis financiera que se inició con el estallido de las hipotecas tóxicas, ya ha utilizado el concepto de depresión como síntoma de lo que ocurre en la economía a escala planetaria. Hace unos días escribía Roubini: "No podemos descartar un fracaso sistémico y una depresión global. (...) Se corre el riesgo de un desplome del mercado, una debacle financiera y una depresión mundial". El economista plantea que más que una coyuntura en forma de V (caída y pronta recuperación) estamos en otra en forma de U (caída en la que la economía se mantiene un tiempo, para luego ascender), o quizá en forma de L (caída y letargo a largo plazo).

Un arranque ciertamente tenebroso sobre la coyuntura quizá pueda compensar el optimismo del titular de este que parece llevar implícito -y no es así, como se ha visto la semana pasada- la superación del desplome bursátil que, en otras ocasiones históricas, ha sido la antesala de una recesión o de una depresión. Crash y depresión se retroalimentan. Hay muchas similitudes -y bastantes diferencias- con la Gran Depresión de 1929. Es urgente desempolvar los viejos manuales de entonces y establecer las comparaciones. "Pensar el presente desde un punto de vista histórico" (Walter Benjamin).

En diciembre de 2006 caía el Ownit Mortgate Solutions, un pequeño banco hipotecario de California especializado en productos de alto riesgo. Es el antecedente más cercano del estallido de la burbuja inmobiliaria y de las hipotecassubprime, que devendría en la norma a partir de julio de 2007. Desde entonces hay muchas víctimas sin enterrar. Entre ellas, la economía real en forma de estrangulamiento del crédito (que es su sistema sanguíneo), desaparición de los bancos de inversión y nacionalización de otras entidades que formaban parte de la aristocracia financiera internacional, desprestigio de los organismos reguladores nacionales y de las agencias de calificación de riesgos, profundísima descapitalización bursátil de muchas empresas financieras y no financieras, parón de la actividad económica y de la inversión, contracción de la demanda, suspensiones de pagos, desempleo, etcétera. Y sobre todo, un escalofrío en muchos ciudadanos en forma de inseguridad: no sólo miedo al terrorismo y a otras formas de inquietud ciudadana, sino a la inseguridad económica y el temor al otro, al diferente, al que compite con el puesto de trabajo y carga de obligaciones al Estado de bienestar.

Otra víctima de la crisis es una forma de entender el mundo, un modo de pensar que se identifica ampliamente con la ideología neoliberal. La máxima acuñada por la revolución conservadora de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, que ha durado un cuarto de siglo, de que el Estado es el problema y no la solución, ha saltado hecha trizas en cuanto se han acumulado las dificultades. La "destrucción creativa" de Schumpeter sólo se hizo realidad cuando las autoridades americanas dejaron hundirse al que era cuarto banco de negocios estadounidense, Lehman Brothers (y casi todos los analistas califican esta inacción como un grave error y el principio del pánico); las demás instituciones financieras con problemas han sobrevivido con una u otra fórmula de intervención pública, con paquetes de rescates a babor o a estribor, en forma de avales públicos, compras de activos o directamente de acciones. Lo explica resignado un economista español: "Hemos generado mucho riesgo moral para evitar el riesgo sistémico". Ahora, la retórica del libre mercado se utiliza con más soltura, más selectivamente: se asume cuando sirve a intereses especiales y se descarta cuando no es así. Sin complejos, el presidente de la patronal española llegó a exigir "un paréntesis" a la economía de mercado.

Hace escasamente año y medio, todavía la economía mundial continuaba en la senda de crecimiento más larga y profunda de la historia contemporánea. La teoría de los ciclos económicos parecía extinguida y el planeta se instalaba en el denominado ciclo Kondratief, una onda larga de prosperidad debida -se decía- a la confluencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) con la flexibilidad empresarial y la innovación financiera. Los mantras más citados eran los de la desregulación y la autorregulación. Hasta tal punto que cuando se encienden las primeras luces rojas de las dificultades hay una generación de jóvenes ejecutivos, los que mandan en muchas empresas y en bastantes Gobiernos, que no tienen puntos de referencia para saber lo que es una crisis y qué tratamiento preventivo darle.

Es muy interesante seguir las mutaciones que ha sufrido la naturaleza de esta crisis en apenas 18 meses: primero se identificó con el estallido de la burbuja inmobiliaria y el abuso en la concesión de hipotecas de alto riesgo; a ello se le añadió un tsunamiprotagonizado por las materias primas alimentarias y los elevadísimos precios de la energía, de modo que entonces se habló de "tormenta perfecta" y se hizo una equivalencia con los primeros años setenta del anterior siglo, al aparecer la estanflación (alta inflación y crecimiento cero). Cuando se hicieron sentir los primeros efectos de la sequía crediticia en forma de reducción del crecimiento económico bajaron los precios de las materias primas; como consecuencia de ello, la inflación dejó de estar en primer plano, pero a las víctimas de la coyuntura se añadieron los países emergentes, principales productores de materias primas, y de los que se había dicho que en esta ocasión estarían exentos del efecto contagio. Conforme pasaban las semanas y dejaba de funcionar el mercado interbancario debido a la desconfianza que las entidades se tenían entre sí (¿cuál de ellas tenía en su interior la metástasis de los productos estructurados y colaterales sin valor alguno en el mercado?), la crisis hipotecaria devino en crisis financiera y los Gobiernos salieron al rescate en el entendido de que la desconfianza de los ciudadanos en las entidades de crédito es la antesala de una catástrofe en la economía real. Hubo un momento en que en algunas plazas y sucursales bancarias los clientes, después de hacer colas para sacar sus ahorros, intentaban transmutar sus depósitos en lingotes de oro, en la creencia de que este metal precioso era la inversión más segura.

Sólo cuando los ciudadanos, airados, comenzaron a preguntarse en alto por qué habían de rescatar a quienes habían sido víctimas de su codicia, es cuando se sofisticó un poco el discurso: la mayor inyección de dinero público utilizada en la historia para salvar a los bancos en dificultades era tan sólo una etapa intermedia para salvar a la economía real. Lo que es bueno para Wall Street es también bueno para la calle. Proteger a Wall Street es proteger a Main Street. Así lo ve el grupo de banqueros con chistera y puro que aparecen en la tira satírica del New Yorker. Uno de ellos grita indignado: "¡Maldita sea, para nosotros Wall Street es Main Street".

Las ayudas oficiales a la banca ("Aportaremos todo lo que sea necesario", ha declarado Berlusconi, el más desvergonzado de los políticos actuales) han servido hasta ahora para detener el pánico de los clientes y para que emerja un hilillo de liquidez en los mercados, que se ha concretado en una pequeña baja de los tipos de interés (Euríbor y Líbor). Pero sigue sin saberse si tanto dinero aportado por el Estado se trasladará del sistema financiero al conjunto de las empresas con inmediatez, para que la situación tienda a normalizarse, y a qué precio. Esto era así hasta anteayer. Pero resuelta al menos en parte la dificultad financiera más urgente, los mercados bursátiles han reaccionado extraordinariamente a la baja cuando en el frontispicio ha aparecido el problema de fondo: el colapso de la economía real. La mayor parte de los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) -los 30 países más ricos del mundo- han entrado en recesión o están a punto de hacerlo (dos trimestres seguidos de reducción de sus productos brutos), y sin visos de salida. Además, el contagio afecta a muchos países emergentes, que han tenido que gastar las reservas de divisas en defensa de sus monedas, mientras aumenta su riesgo país y ven bajar los precios de sus exportaciones. Se ha llegado a la madre de todas las crisis. Cada uno de los pronósticos que han ido elaborando las organizaciones multilaterales (OCDE, Fondo Monetario Internacional, etcétera) se han tirado a la papelera en el mismo momento en que se hacían públicas. La velocidad de la metástasis es tal que todas las explicaciones de la coyuntura se han quedado antiguas en tiempo real. Aun hace dos fines de semana, en su asamblea semestral, el FMI preveía un ligero crecimiento en 2009 para el conjunto de las economías avanzadas y del orden del 6% en las emergentes. Sin embargo, el pasado miércoles, el Foro Económico Mundial sentenciaba: "La crisis financiera afecta ya a la economía real en un nivel alto y el riesgo de una profunda y prolongada recesión crece".

Con esta crisis multiforme y poliédrica ha desaparecido también una forma de hacer la política económica, que ha sido dominante en el último cuarto de siglo. Aquella que había formalizado el dogma de que los mercados son los que mejor saben qué hacer. Del mismo modo que hay ciclos en la coyuntura también hay ciclos ideológicos que conceden el énfasis a las distintas herramientas económicas. Y ha comenzado otro. En el año 1936, el que probablemente ha sido el economista más influyente del siglo XX (y lo vuelve a ser ahora), John Maynard Keynes, escribió en su obra magna Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero: "Las ideas justas o falsas de los filósofos de la economía y de la política tienen más importancia de lo que en general se piensa. A decir verdad, ellas dirigen casi exclusivamente el mundo. Los hombres de acción que se creen plenamente eximidos de las influencias doctrinales son normalmente esclavos de algún economista del pasado". Las ideas keynesianas, tan menospreciadas en el último cuarto de siglo, están siendo aplicadas ahora por quienes tratan de sacar a la economía de la camisa de fuerza de la revolución conservadora y de la desregulación permanente. No por casualidad, sino como un signo de los tiempos, la Academia Sueca ha concedido hace unos días el Nobel de Economía a quien es uno de los neokeynesianos más insignes: Paul Krugman.

El New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt, respuesta a la Gran Depresión de 1929, inauguró un ciclo progresista de intervención en la económía que duró casi medio siglo y que ha sido denominado la edad dorada del capitalismo: el mundo creció mucho y los países más avanzados construyeron su Estado de bienestar. El 31 de diciembre de 1933, 10 meses después del inicio del New Deal, Keynes escribe una carta abierta al presidente en The New York Times, en la que le aconseja actuaciones adicionales, entre las que sobresale "una atención predominante en el más alto grado al incremento de la capacidad de compra resultante de los gastos públicos, financiados mediante créditos".

A finales de los años setenta y principios de los ochenta se inició la revolución conservadora, que tuvo sus principales ideólogos en Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y su continuidad en los neocons que han gobernado en la Casa Blanca y en la Reserva Federal. Francis Fukuyama, el constructor del concepto del fin de la historia, ha matizado aquella forma de entender el mundo y recientemente ha hecho un balance de ese tiempo: la revolución conservadora perdió su rumbo porque se convirtió en una ideología irrebatible, y no en una respuesta pragmática a los excesos del Estado de bienestar. En ella había dos conceptos sacrosantos: que las reducciones de impuestos se autofinanciarían y que los mercados financieros podrían autorregularse. Pues bien, el balance es clarificador: Reagan y Bush dejan a EE UU con gigantescos déficit, la economía creció tanto con Clinton como con Reagan y con superávit público, y de las secuelas de la autorregulación del mercado financiero tenemos suficientes ejemplos catastróficos en los últimos meses.

La crisis traza una frontera, la del final (por ahora) de otra edad dorada: el crédito fácil, la liquidez extrema, los riesgos fuera del balance, los sueldos astronómicos de los grandes ejecutivos ligados a la creación de valor a corto plazo y no a la calidad de lo que se fabrica o con lo que se trabaja, los cambios legales para facilitar la especulación sin límites y las zonas de sombra (el capitalismo gris), una psicología mediante la cual los ahorradores se convirtieron en inversores y los inversores en activos apalancados, la autorregulación como pretexto para administrar sin límites, etcétera.

Cada ciclo ideológico en economía está provocado por una crisis. El New Deal llegó por la Gran Depresión; la revolución conservadora, como reacción a la estanflación; y el paradigma que parece instalarse a principios del siglo XXI, por la crisis iniciada con las hipotecas subprime llevada al paroxismo. Las matrices que lo componen son las de la intervención del Estado siempre que sea necesaria, la regulación financiera, quien contamina paga (en relación a los activos tóxicos) y la necesidad de dotar de gobernanza a la globalización realmente existente. Por ello se ha dado tanta significación a la construcción de un nuevo Bretton Woods, en analogía con la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, celebrada en New Hampshire del 1 al 22 de julio de 1944, al final de la II Guerra Mundial, y que ha constituido hasta ahora el intento más ambicioso por configurar un nuevo orden económico internacional. Entonces participaron 44 países. Hoy se trata, como se declara con ampulosidad, de "refundar el capitalismo": cambiar todo para que nada cambie.

Se trata de evitar otra Gran Depresión e ir, por el contrario, a una Gran Transformación, como tituló su libro de referencia Karl Polanyi en 1943. En él demostraba, acudiendo a la historia y a los datos empíricos, que no existe nada parecido a una mano invisible que ordene a los mercados; éstos se regulan por la acción del Estado. Hay que actualizar la Gran Transformación a la era de la globalización en la que los Estados tan sólo son entes intermedios.

sábado, 4 de octubre de 2008

Laicidad Positiva

Sirva el presente post como índice de los temas que a mi juicio son susceptibles de reflexión en los discursos de Sarkozy y Benedicto XVI el pasado 12 de septiembre acerca del tema de referencia. 

1.- Forma: Cierta concepción bonapartista de la religión, de su utilitarismo. Arrancando del pensamiento griego, judeocristiano, medievo, Renacimiento y Siglo de las Luces. La religión como patrimonio de la cultura, no sólo por su aproximación a Dios, sino al hombre.

2.- Pluralidad francesa: Sarkozy se declara presidente de todos, y por o tanto ha de mantener una posición equidistante, no solo entre religiones, sino entre ateos y religiosos o espirituales. Pero es consciente de los millones de franceses católicos. 

3.- Definición papel del Papa: Jefe de una familia espiritual cuya contribución a la historia y a la civilización no es cuestionada ni cuestionable.

4.- Salto intelectual para llegar desde la fe a la democracia a través de la razón: Fe-Razón... Razón-Democracia. 

La democracia es algo distinto a la mera suma de votos, debe buscar la honestidad de lo que es bueno para todos

5.- Laicidad positiva, que federe y dialogue, no exluyente. La religión ayuda a encontrar el sentido que queremos darle a nuesta vida. Invitación a la tolerancia y al respeto

6.- Moralización del capitalismo financiero: 

6.1.- "El crecimiento económico carece de sentido si se toma como finalidad en si mismo"
6.2.- "Solo la mejora de las condiciones de vida de todos, y la felicidad de la persona constituten una finalidad legítima". Para Sarko esta es la convicción de la DSI

7.- Biogenética: Preocupación, ya que está en juego nuestra concepción del hombre y de la vida. La responsabilidad del político es establecer el marco de reflexión sobre el tema. Obviamente tendrán cabida no solo os científicos, sino lo que Sarko llama las tradiciones filosóficas y religiosas.

 8.- Viaje a Lourdes:

8.1.- Esperanza curación física. Sufrimiento. Capacidad de superación. Dignidad humana
8.2.- "Es porque existe el sufrimiento y la capacidad de superarlo por lo que el hombre manifiesta su dignidad" 
8.3.- Responsabilidad del líder político: Cómo compatibilizar la dirección de su país con el respeto de la dignidad humana.
8.4.- La dignidad humana como valor universal ante los fanatismos, el relativismo y el cuestionamiento del conocimiento de la verdad (con minúscula?) y su transmisión.

9.- Reciprocidad de respeto religioso

9.1.- Reconocimiento de su no existencia en muchos países y valiente exigencia de la misma.
9.2.- Reconocimiento de las raíces cristianas de Francia y del respeto por el resto de religiones
9.3.- Reconocimiento y superación de errores cometidos en el pasado, no como excusa para aceptar excesos en el presente
9.4.- Obligación de los políticos de contribuir a acercar las religiones, señalando más lo que las une que lo que las separa.

10.- El mayor reto del siglo XXI es el diálogo CON y ENTRE las religiones. El deseo de espiritualidad no es un peligro ni para la democracia ni para la laicidad.

IDEAS DEL DISCURSO DE BENEDICTO XVI

1.- Raíces cristianas de Francia y Europa

2.- Distinción del ámbito político y religioso. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César

3.- Preocupación por los jóvenes, por su educación. La escuela católica ya proyege valores  como el respeto y ayuda a los demás, cierre del gap entre ricos y pobres, protección del defavorecido. La Iglesia a través de sus instituciones puede ayudar a formar y a remediar lo inmediato.
4.- La responsabilidad de legislar para erradicar las injusticias es solo del Estado.
5.- Protección del mundo encomendada por Dios al hombre. Son necesarias propuestas para garantizar el bien de generaciones futuras.


lunes, 29 de septiembre de 2008

Compromiso

Escucho ayer en el telediario nocturno que 4 de cada 5 matrimonios que se celebran estos días acaban en ruptura, y que en Canarias el número de separaciones excede al de matrimonios.

Para mi esto no es más que una confirmación del fin de un ciclo, de un imperio, de una forma de pensar y de vivir. Igual a lo que ha pasado en otros momentos de la Historia. El hombre tiene una capacidad infinita de autoengañarse, no solo a nivel individual, sino colectivo.

Una vez más, vivimos en un momento en el que la aversión al compromiso nos lleva a situaciones cuando menos sorprendentes. 

La relajación de las costumbres hace que sea vea el compromiso como un limitador de la libertad individual, y siendo este el valor supremo imperante en una sociedad relativista, como un valor a eliminar. Esto acontece en todos los ámbitos de la vida, y es sin duda favorecido por nuestros gobernantes. Ellos ven en el adormecimiento de la sociedad una forma segura de perpetuarse en el poder, de hacer y deshacer a su antojo. La manida política del pan y circo. 

Desde pequeños se pretende inculcar al niño la importancia de sus valores individuales, con el único -si cabe, y no en todos los casos- límite del respeto a la libertad de los otros (y además de manera muy difuminada). No hay valores absolutos a los que referenciarlo. Tú eres dueño/a absoluto de tu vida, de tu cuerpo. Es lo único que hay que cultivar. La inteligencia consiste en almacenar datos, como autómatas, y además esos datos son opinables (como ocurre en nuestro país con el estudio de la geografía, la historia o la lengua, por no hablar de la religión o la moral).

Más adelante nos encontramos con la facilidad que tienen (o han tenido, que la crisis servirá para paliar este efecto) los jóvenes para conseguir las cosas. No se han enfrentado a ninguna dificultad, y además los medios de comunicación, el cine y la televisión les ofrecen situaciones idílicas, donde vuelve a primar la libertad sobre el compromiso. No solo prima, sino que en muchas ocasiones se ridiculiza, bien directamente, o de manera más sutil, poniendo el acento en situaciones marginales, frente a las grandes decisiones donde yo solo soy el que la toma. Culpa importante de ello tenemos los padres, sin duda. Pero claro, la urgencia de ganar el dinero suficiente para mantener el montaje supera con creces a la importancia de educar correctamente a nuestros hijos. Y además, qué ejemplo de austeridad les damos?

Nos vamos acercando a la edad de matrimoniar. No nos sentimos incómodos por alargar nuestra estancia en casa de nuestros padres. Tampoco se nos exige mucho en el ámbito de los estudios. Y si no puedo estudiar, porque en casa no hay dinero, o bien porque simplemente no creo que lo necesite, cualquier trabajo eventual me vale. Si me piden trabajar mucho, pues nada, me despido. Hay que vivir el momento, no desperdiciar la juventud. Tabién es grave desde el punto de vista del emprsario "aprovechado", pero creo que estos son la excepción. A todo el mundo le gusta tener gente formada en tu negocio, en la que puedas confiar, más que tener que estar cambiando constantemente. Pero también la falta de compromiso se ha extendido en este campo, no hay que dejar de reconocerlo. Las relaciones laborales se han ebfriado, objetivado, de manera que si uno se quiere ir, o le invitan a irse, no suponga ningún conflicto, al menos emocional.

Y llega el momento de matrimoniar. Hoy se ha sustituido por el momento de vivir en pareja. Son cursillos prematrimoniales strictu sensu, que en la mayoría de los casos solo sirven para convertir una institución milenaria en un juguete usado libremente. Para qué comprometerse si tengo todos los beneficios sin las cargas que ello conlleva? En El Mundo del sábado 26 Luis Zarraluqui relacionaba la crisis del matrimonio con la crisis económica, vinculando la primera a la indefinición jurídica de los distintos regímenes matrimoniales. No creo que esté ahí la raíz del problema, sino más bien en no ya el miedo, sino la aversión al compromiso.

Necesitamos reforzar este valor en nosotros, y sin duda, trasladarlo a nuestros hijos y demás seres queridos. Por ahí empieza el cambio que constantemente estamos solicitando por parte de la sociedad civil. Compromiso -bien entendido- no significa pérdida de libertad, sino más bien al contrario 

jueves, 25 de septiembre de 2008

Reflexiones acerca de la reunión de anoche

Buena reunión pardiez.

Nuestro capellán venía con los deberes hechos, e hizo una estupenda descripción del presente, con sugerentes propuestas para el curso de este año. Nos llamó la atención acerca de las cosas que debemos pulir este año para que las reuniones sean más completas y podamos aprovecharlas al máximo, como grupo y como individuos.

A mi particularmente me gustaron las intervenciones de nuestras mujeres, quienes fueron las que llevaron el peso de la reunión. Efectivamente, el formato del año pasado se había mostrado eficaz para algunos, pero demasiado alejado del pragmatismo para otras. Ellas demandan temas más cercanos, ver a Cristo en los asuntos del día a día. Nosotros, por contra, somos demasiado aficionados a la retórica, a argumentos intelectuales que no siempre tienen  que ver con el sentido de nuestras reuniones. Gracias a todos, y en especial a todas (sí todas) por vuestras aportaciones de ayer.

Después del año de noviciado, que ha servido para poner en marcha el grupo, nos enfrentamos en este curso a nuevas asignaturas, que requerirán un mayor esfuerzo. La dinámica de las reuniones cambiará. Vamos a realizar un mayor esfuerzo en algunos signos externos, como la puntualidad. Acudiremos cenados a la reunión, de manera que podamos aprovechar mejor el tiempo (son solo dos horas al mes!). Quedamos a las 2100 en casa, para empezar, como muy tarde, a las 2130.

Desde el punto de vista del contenido de las reuniones, en principio vamos a intentar abordar un tema acerca de la historia de la Iglesia (del libro Cristianismo de JM Laboa), y a continuación cada pareja comentará un texto preferentemente del Evangelio, o expondrá un tema previamente preparado. Para ello, unos días antes de cada reunión nos enviarán el texto, para que el resto podamos también acudir "reflexionados". Este blog puede ser un magnífico punto de encuentro también para esto. En caso de que veamos que no da tiempo a los dos temas cada día, los dividiremos, de manera de se alternen en cada reunión.

Como actividades extraescolares, Juan Mari nos enviará en los próximos días algunas propuestas de actividades sociales que podamos realizar como grupo. Estoy convencido de que serán muy enriquecedoras, no solo en el plano personal, sino también para ayudar a que transpiren nuestras experiencias religiosas, que es un tema que parece que tenemos atragantado.

Por último quedamos en que el primer domingo de cada mes, a las 1230, en la calle Alenza 28, nos reuniríamos todos, con nuestras familias para celebrar la Eucaristia en pequeña comunidad. Obviamente, no es una fecha inflexible, e intentaremos acomodarnos, sobre todo para que Nacho y Patricia puedan venir con sus sobrinos el mayor número de veces.

Bueno, pues para terminar el resumen las fechas de las próximas reuniones: Domingo 6 de octubre a las 1230 en Alenza, y martes 21 de octubre a las 2100 en casa. Exponen los Bañones.

PD: Más abajo he colgado una reflexión que me ha parecido bonita acerca del alma.

Puede ayudar a encontrar algún sentimiento religioso

Si Dios me concediese ver mi alma tal cual es, quizá sentiría una pena profunda al descubrirla tan llena de egoísmo, de maldad, de pecados. Quizá me dominaría un sentimiento de terror ante tanta oscuridad, tanta miseria, tantas cobardías.

Pero si Dios me concediera ver mi alma plenamente, en toda su pobreza y en toda su riqueza, descubriría también que está envuelta por un Amor inmenso, misericordioso, magnífico. Vería con claridad que Dios me ama.

Me ama, porque me ha creado. Me ama, porque me ha redimido. Me ama, porque conoce que soy débil. Me ama, porque quiere sacarme del pecado. Me ama, porque me ha enseñado el camino del Reino. Me ama entrañablemente, con amor de Padre, y por eso me pide que también yo empiece a amar a mis hermanos.

Debe ser una gracia maravillosa: descubrir que Dios, Amor, está más dentro que lo íntimo de mi alma, y que está por encima de lo más alto de mis pensamientos. Lo decía san Agustín, y podemos experimentarlo cada uno si podemos ver, desde la luz del Espíritu Santo, nuestra propia alma.

Si Dios me concediese ver mi alma tal cual es, le pediría simplemente que me ayudase a fijarme más en su mirada que en mis miserias. Y que me concediese también la gracia de poder susurrar, los días que me queden de vida, a tantos corazones que están a mi lado que también ellos tienen en los cielos un Padre misericordioso que los busca, que los espera, que los ama.

Su mirada sostiene mis pasos. Su amor explica mi vida. Su verdad me enseña el camino. Su misericordia perdona mis pecados. Su justicia me pide acabar con el egoísmo. Su paciencia salva muchas almas y me pide un poco de paciencia y comprensión para ese familiar, ese amigo, esa persona que me ha hecho tanto daño...

Si Dios me concediese ver mi alma...


lunes, 15 de septiembre de 2008

El árbol bueno, el árbol malo

Sugerente Evangelio según San Marcos. Normalmente se utiliza para bodas por aquello de construir edificios sobre roca, pero me llama la atención la parte anterior: "No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas. El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca..."
Es decir, hay árboles malos de los que será imposible sacar buen fruto! Supongo que no se referirá sólo a los que consideramos malos por enfermedad, sino a gente corriente que no es capaz de sacar de sí frutos buenos. Y a pesar de ello, nosotros se lo exigimos, o al menos buscamos corregirles, pidiéndoles algo para lo que no están preparados. Eso suponiendo que nosotros seamos árbol bueno. Y si lo somos, por qué a veces damos frutos malos? Jesús nos da inmediatamente la respuesta: "¿Por qué ustedes me llaman: 'Señor, Señor', y no hacen lo que les digo?".

A aplicarse

martes, 9 de septiembre de 2008

Comentario a la Vida de San Francisco

También está en No serán del Canon...", pero creo que aquí puede dar más juego. 


Desde nuestra visita a Tierra Santa, donde estuvimos magníficamente atendidos por el Padre Barcena, tenía mucho interés en conocer la vida de San Francisco, que he de reconocer me quedaba bastante lejana.
Juan Mari me regaló este libro, que no es en sentido estricto una biografía, sino que más bien pretende ahondar en la figura del santo, no limitándose a narrar los acontecimientos, sino estudiando los porqués de su actuación, de manera que entendamos mejor su grandioso ejemplo.
Es interesante situar a Francisco en los albores del siglo XIII, unos tiempos convulsos para una Iglesia donde la jerarquía hacía que el pueblo estuviese muy alejado de la misma, o lo que es lo mismo, fuese caldo de cultivo de peligrosas herejías. Entre ellas destacaban los "puros" cátaros, o los valdenses. Los clérigos de la época eran mal vistos, y los nmonjes no daban respuesta a las enormes necesidades de la época.
Francisco aparece en un pequeño pueblecito, Asis, y supone una catarsis para la Iglesia. Su historia personal, su conversio, es un ejemplo para todos nosotros. Lo vemos todos los días, solo hay que fijarse en las oportunidades que tenemos de parecernos a él, y por ende, a seguir el camino de Jesús. Francisco es radical. Para ponerse del lado de los marginados se hace uno de ellos. Acoje a la "Dama Pobreza". Rechaza cualquier forma de propiedad (porque ello obligaría a defenderla), y aboga por el trabajo manual a cambio de sustento, sin acumularlo, solo para el día a día. Si no hay trabajo entonces se puede mendigar para alimentarse. Ese es el ejemplo que ve en Cristo. Solicita poder predicar la Penitencia, y ese es el campo que el papa les concede. Admite laicos y clérigos, y se funda una Orden hermana, las clarisas, siguiendo a Santa Clara, quien siente devoción por Francisco. Uno de sus principios básicos es su obediencia a la Iglesia romana, su respeto absoluto por los sacerdotes, en tanto en cuanto son los únicos capaces de transformar el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Su oración  permanente, y su amor por la naturaleza, en tanto en cuanto es obra de Dios. Su aceptación de todo lo que le envía el Señor, sin ningún tipo de pregunta, y su alegria ante la desgracia, ante el dolor. 
Sus escritos son potentes, y sus oraciones para rezarlas todos los días.
Francisco, un hombre salido del siglo. El Señor os de la paz, como seguro él se despediría.