domingo, 21 de noviembre de 2010
Los cristianos sufren
Sobran las palabras.
domingo, 11 de abril de 2010
Judas Iscariote
Terreno propicio para aquellos que hacen del anticlericarismo su razón de ser, abonado por la difícil respuesta, en tiempos y formas, de nuestra jerarquía. Los laicos, como hacemos en el resto de nuestra actividad en la sociedad civil, nos contentamos con observar el acoso y derribo al que se hayan sometidos nuestros jerarcas, si no permitimos que el trabajo de los acosadores drene nuestra ya de salida menguada confianza en los mismos.
Lo que nos jugamos en este envite no es la cabeza de uno o varios obispos. Estoy seguro de que los responsables actuarán en consecuencia, y que esta actuación no será espectacular, como demandan siempre los medios de comunicación. Como muchos, desconozco el porqué no se ha actuado con contundencia en el pasado, de manera que se hubieran evitado los lodos de hoy. Somos vasijas de barro, y los sacerdotes y obispos también, de eso no cabe duda. Pero se ha tratado de hacernos creer que no lo eran, y de ahí la sorpresa e indignación. La educación de los niños ha sido una de las grandes tareas asumidas por la Iglesia católica. Desconozco el porcentaje de satisfacción de esta ingente obra social, pero me atrevo a situarlo en cotas muy elevadas. Siendo dramático la existencia de estos casos, intolerables sin ningún género de dudas, parece cuando menos poco razonable que los ataques furibundos de los medios anticlericales pretendan poner en cuestión una historia de siglos, que continúa siendo terriblemente necesaria hoy.
Lo que nos jugamos es la presencia del mensaje de Jesús en nuestras sociedades. Nos declaramos cristianos por seguir a Cristo, y es obvio que entre sus primeros discípulos también había personajes corruptos. Incluso uno entre los doce le acompañó durante su vida pública, recibiendo incluso encargos importantes. ¿Sabía Jesús que era corrupto?
Judas jugo un papel importante en la muerte de Jesús. No les deseo su mismo final, aunque sí que sean capaces de actuar para remediar el mal hecho, primero a las víctimas, y luego a la Iglesia.En nuestra mano está que estos corruptos no lo jueguen en el deterioro de nuestra querida Iglesia.
sábado, 13 de marzo de 2010
Beatificaciones, canonizaciones y demás
¿Será menos santo JPII por este retraso? Leo que existen otros… 271!!! posibles milagros documentados, por lo que parece que todo es cuestión de tiempo… Escribo esta columna, como la mayor parte de ellas, desde el profundo desconocimiento. En este caso, de los procesos seguidos para las causas de beatificación. Por ello tengo el privilegio de poder analizarlas como un humilde miembro más de la iglesia. Seguramente mi percepción sea compartida por un gran número de católicos y, quien sabe, por muchos más, si llegasen a hacerse la pregunta… ¿será menos santo si no se lo reconoce el humano tribunal? ¿estará muy preocupado JPII, o el mismísimo San Pedro por esta contrariedad?
Entiendo que no, que en el cielo estarán tranquilos por este asunto. La dedicación, el esfuerzo, de JPII por sus hermanos, por nosotros, debería hacer intrascendente el que le coloquemos el adjetivo de santo de manera oficial. Aunque un sesudo tribunal tarde en darle esa categoría, nada impide que quien haya visto en JPII una relación especial con Dios, siga recordándole como cuando estaba entre nosotros. El día que se le considere santo, nada cambiará al respecto. Y si alguien no considera que su labor sea susceptible de alcanzar tal distinción –humana- pues no creo que tampoco les importe mucho en el cielo. ¡Qué manía tenemos de etiquetarlo todo! La comunidad de san Egidio canta todas las semanas “vosotros sois santos, porque yo soy santo, dice el señor” Todos tenemos vocación de santidad, que nos será reconocida en el cielo, no en la tierra. Y luego cantamos las letanías, una interminable relación de santos a los que pedimos recen con nosotros… Un poco contradictorio, si no fuese porque terminan con una petición a todos los santos de la ciudad, no solo a los reconocidos nominalmente como tales.
Me han convencido de una obviedad. Es imprescindible que conozcamos nuestros orígenes, a través de los grandes personajes de la historia de nuestra iglesia. Dado que han resucitado, nada debe impedir que hablemos con ellos, que les saludemos de vez en cuando. Pero de ahí a rezarles… y porque un tribunal haya decidido que unos son santos y otros no… Ellos nos enseñaron sus oraciones, su particular relación con Dios. Aprovechemos sus enseñanzas y huyamos de la idolatría y falsas adoraciones, generadoras de los negocios que Jesús expulsó de la explanada del templo. Hay grandes hombres y mujeres que no alcanzaron esta distinción, y que estoy seguro estarán tan cerca de Dios como los primeros. De ellos debemos aprender para conseguir hacer verdad la letra cantada por la comunidad de San Egidio.
sábado, 27 de febrero de 2010
viernes, 26 de febrero de 2010
Padrenuestro
El otro día leyendo Mt 6, 7-15, pasaje del evangelio en el que Jesús nos enseña la única oración con la que dirigía al Padre, quise fijarme no sólo en el Padrenuestro, sino en la forma en la que Jesús nos enseñaba que no se debe orar. En concreto nos invitaba a no hacerlo “como los gentiles” usando muchas palabras, pensando que con eso se les hará más caso. El Padre sabe lo que nos hace falta antes de que lo pidamos…
Nos solemos acordar de santa Bárbara cuando truena. Que si me ayudes a pasar este examen, a conseguir este negocio, a ganar este partido, o a superar esa enfermedad. Y claro, si no se consigue lo más fácil es arremeter contra el que no vemos, el que realmente creemos que no está. He sido hijo y he vivido en la confianza de que mis padres eran prácticamente omnipotentes. Siempre sabían lo que necesitaba, aunque no me comprasen todos los caprichos que continuamente pedía. Con su amor se formó mi personalidad, dándome la libertad para tomar mis decisiones, en el mejor de los casos aconsejándome, y luego yo tomaba las decisiones. Si me tenían que castigar, siempre era con una privación de algo mucho menor que el bien de la libertad que nunca me negaron.
Hoy soy padre, e intento actuar de la misma manera. Probablemente sea difícil sentir un amor más grande que el que tenemos por nuestros hijos. Ese amor nos lleva a intentar que sean lo más felices posible, que no les falte de nada –no sólo en el plano material-, que tengan la mejor educación posible, y a medida que van creciendo, que vayan tomando sus propias decisiones, aunque no coincidan con las nuestras. Nos dejaríamos cortar una mano por nuestros hijos, y a pesar de ello, no siempre conseguimos evitarles las dificultades, los disgustos. Para ellos probablemente somos omnipotentes, y pueden tener la tentación de rebelarse contra nosotros si no somos capaces de actuar como ellos piensan que deberíamos. Pero dejarían de ser libres, si siempre lo hiciésemos así.
Muchos se preguntan dónde está Dios en las catástrofes, en las enfermedades, en el sufrimiento, en la muerte… Yo estoy seguro de que está ahí al lado, sufriendo como cualquier padre lo haría con sus hijos. La diferencia, argumentan muchos, es que El es verdaderamente omnipotente, y nosotros no. Su omnipotencia es la que nos hace libres, por lo que intentemos ser coherentes. Dios está a nuestro lado, al igual que lo está en los momentos felices, en la belleza de las cosas, en la calidez de nuestras relaciones.
Termino como empecé. Me gustaría que mi relación con Dios fuese la misma que tenía con pocos años con mis padres (también eso nos recuerda Jesús, la importancia de la inocencia de los niños). Mis padres eran Supermen, todo lo podían, y nadie me quería más en el mundo que ellos. Lo sé porque eso es lo que me pasa con mis hijos. Mucho antes que yo, sabían lo que necesitaba, y nunca tenía que gastar muchas palabras en pedírselo. Y si tenía que hacerlo… malo, normalmente no lo conseguía. Un simple Padrenuestro, poniendo especial énfasis en el “hágase tu voluntad, así en la Tierra…”
lunes, 8 de febrero de 2010
El desayuno de la oración
Más adelante, el cristiano inventó la liturgia, y además de rezar en casa, o en el desierto, nos reunimos en iglesias, en torno al altar, para rezar juntos. No necesariamente conocemos a todos los parroquianos, pero sí que tenemos el objetivo común de oír la Palabra, su explicación, rezar y comulgar juntos.
Nuestros colegas protestantes sacaron el rezo comunitario de las iglesias, y muchas comunidades se reúnen en teatros, cines o locales en los que improvisan sus propias liturgias.
Una de ellas parece ser el ya famoso en nuestro país “Desayuno de la Oración”, en el que anualmente se reúnen un grupo de cristianos estadounidenses a rezar durante un desayuno, como su propio nombre indica. Hasta aquí poco que objetar. Conceptualmente, me parece más que loable, y es una magnifica forma de empezar el día. Me pregunto cuántos de los asistentes rezarán diariamente, cuántos lo harán con sus familias, o en sus empresas o puestos de trabajo. Imagino que la gran mayoría…
Abraham Vereide lo organizó hace más de 50 años, probablemente con buenas intenciones: reunir a personas influyentes –empezando por el presidente de USA- en un rezo matutino, para que sirviesen de ejemplo a otras muchas reuniones semejantes pero más pequeñas. La realidad es que ha devenido en un foro de networking con la excusa de la oración. O lo que es lo mismo, una utilización bastarda de la oración comunitaria en beneficio de intereses meramente económicos o de poder. Una cosa me ha sorprendido de este foro, y es que pudiese contar en 1994 con la madre Teresa…
En una sociedad tan alejada de valores espirituales como la nuestra, podrá sorprender una crítica tan acerada de este tipo de reuniones, proviniendo de un cristiano. Hasta ahora eran las asociaciones de ateos o de laicistas las que habían levantado la voz en su contra. Por diferentes motivos unimos la nuestra. ¿Admitiría nuestra sociedad un desayuno por la curación de un enfermo, al que los que asistiesen sólo les preocupase el dejarse ver e intercambiar tarjetas? Debería responder que no, pero me temo que incluso en estos ejemplos cercanos nos encontramos con reality-shows que tienen gran audiencia…
Nuestra clase política, incluso el admirado Obama, han perdido una ocasión única para reestablecer parte de su dilapidado crédito moral. El uno por asistir a un acto que le debería quemar en sus entrañas ateas y anti eclesiales. Como hacía Carpentier decir al revolucionario Victor Huges: “"Lo siento. Pero soy un político. Y si establecer la esclavitud es una necesidad política, debo inclinarme ante esa necesidad..." Más valiente habría sido asistir al desayuno y excusarse por no poder rezar a un Dios en el que no cree. Y largar después el rollo de la alianza de las civilizaciones y todo lo que quisiera. Y no citar la Biblia con objeto de dar señales de erudición
Los otros por criticar sin piedad, y sin ton ni son, la asistencia del célebre ateo a la reunión (lo mismo hubiesen hecho de no haber asistido). Todo el mundo ha valorado positivamente cómo pudo salir el presidente del paso. ¿Era eso lo importante?
Dediquemos a los políticos a resolver nuestros asuntos terrenales, y dejemos la oración para su verdadero cometido. No entristezcamos más a Dios.
martes, 2 de febrero de 2010
Estar ahí o el principio de subsidiariedad
Por supuesto mi primera reacción fue la de pensar que no tenía ni idea. Yo, que siempre procuro estar ahí para lo que haga falta! Soy la definición perfecta del principio de subsidiariedad! Si a alguien le hace falta algo, ahí estoy yo para cubrir su necesidad. O no?
Sin duda, en gran parte de nuestras relaciones hace falta que apliquemos ese principio de subsidiariedad. Más cuando se trata de alguien sobre el que podemos tener alguna ascendencia, tipo nuestros hijos, padres e incluso, por qué no, amigos. De otra forma, podemos caer en el riesgo de convertirnos en unos metomentodos insoportables. Y de hecho, al revisar mis acciones hacia los que más quiero, me doy cuenta que muchas veces coartamos su desarrollo, su iniciativa, su capacidad de equivocarse.
Pero la aplicación indiscriminada de este principio, a pesar de que sea solo desde el punto de vista de la forma, induce a dar la sensación de indiferencia, y a que la persona a la que quieres no se atreva a molestarte por verte muy lejos. Es muy cómodo colocarte la etiqueta del “ya sabes que estoy aquí para lo que quieras”, faltaría más, y aun con la mejor intención alejarte inconscientemente.
Un tercer caso es el de aquellas personas que sabes que necesitan cariño, un gesto amable, una conversación tranquila, un preocuparte por cómo están. Esas personas nos rodean en esta sociedad no del todo humanizada, y muchas veces no queremos verlas. O si las vemos nos intranquiliza el que puedan coger tu brazo, cuando solo “estás ahí” para dar la mano.
No solo en los negocios, en la dieta, en el ejercicio, hay que hacer equilibrios. Sin duda, los de tu vida personal son mucho más importantes. Y casi siempre nos equivocamos por el lado menos pesado de la balanza
martes, 26 de enero de 2010
Vuelta al ruedo
Todo ello me ha invitado a escribir la presente reflexión, acerca del objetivo de estas líneas. Creo que no debe ser otro que el de compartir con quien quiera leerlas, reflexiones personales acerca de temas de actualidad, o no de tanta actualidad. nada más, y nada menos. A pesar de buscar comentarios que enriquezcan cada entrada, soy consciente de que algunos temas propuestos no serán merecedores de la atención de las personas que sigan esta bitácora, pero ello no será óbice para que siga proponiéndoos, proponiéndome, una reflexión diaria, una vez a la semana como mínimo. Procuraré, además, que sea los martes.
El domingo me reuní con otros dos amigos para ver de qué manera podíamos trasladar nuestra opinión al mundo. Proyecto éste de mayor envergadura, y mayor ambición, ya que implica además el compromiso de consensuar una línea "editorial", y del que daremos cuenta en el momento en que se ponga en marcha.
Me noto un poco oxidado en esto de escribir, pero eso se cura con el uso. Nos ponemos a ello. Hasta el martes.
lunes, 4 de mayo de 2009
Yo repruebo
Al hilo de la solicitud de los representantes de IU-ICV de reprobación por parte del Parlamento español de las palabras del papa acerca del SIDA, y de la falta de rigor en su análisis como de sensibilidad al atacar a la cabeza de la Iglesia católica, de la cual formamos parte unos cuantos millones de españoles, la siguiente es una lista de reprobaciones (es decir, de lo que no apruebo por creer que se está haciendo mal, tal y como dice el DRAE):
Repruebo en primer lugar a nuestros Gaspar Llamazares y Joan Herrera por su hipócrita y trasnochada solicitud al Parlamento de que reprueben las palabras del papa.
¿Donde están estos señores, rápidos al disparar reprobaciones, ante los verdaderos conflictos de este mundo? ¿Para cuando reprobar las declaraciones de personajes como las del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad , negando el holocausto judío, o solicitando la desaparición de Israel, o del presidente de Sudán Omar Hassan al-Bashir, condenado por genocidio en Darfur, o del presidente chino Zhōnghuá Rénmín Gònghéguó Zhǔxí, país donde las libertades brillan por su ausencia, amen de ser el país con mayor tasa de ejecuciones, o de los libertadores sudamericanos y sus continuos insultos hacia nuestro país (del cual son representantes estos individuos), o de los corruptos líderes africanos que tienen a sus países en la más absoluta de las miserias, permitiendo atrocidades sin fin? Yo, obviamente, repruebo a todos estos individuos.
¿Dónde está su condena, o las disculpas que tanto piden de otros, a las masacres acontecidas durante los regímenes comunistas durante el siglo XX?
¿Dónde está su compromiso en solucionar los problemas del mundo –ya que parece que los que tenemos aquí no son suficientes para ellos? ¿Dónde su agradecimiento a la labor que miles de voluntarios realizan diariamente de manera desinteresada, gran parte de ellos católicos o cristianos, en esos países donde el SIDA es un gravísimo problema?
¿Cuánto tiempo dedican a formarse en dichos u otros problemas, más allá de reunirse en inútiles comisiones parlamentarias, en las que parecen no tener más problema que realizar declaraciones demagógicas con el único objeto de volver a ser elegidos?
Repruebo a los integrantes de la Mesa del Congreso que han aceptado tal solicitud, y en especial a los dos representantes del partido popular, al que supuestamente votan la mayoría de católicos, a los representantes de CIU y del PNV que han defraudado seguramente las expectativas de sus votantes católicos.
Repruebo a los medios de comunicación que no olvidando su función social desinforman dando visiones parciales de las noticias. Especialmente sangrante es el tratamiento que el país da a estos temas, en los que como botón de muestra utilizan la “eminente voz” del teólogo Tamayo, cura rebotado hace muchos años, para dar credibilidad a sus opiniones.
Pues ya está abierta la lista de reprobaciones. Vosotros diréis.
domingo, 22 de marzo de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
Mirar al frente con esperanza
http://www.ft.com/cms/s/0/36004b40-fd2a-11dd-a103-000077b07658.html cargado de razones pero también de espíritu vengativo.
martes, 27 de enero de 2009
martes, 20 de enero de 2009
Greatness is never a given. It must be earned
"My fellow citizens:
I stand here today humbled by the task before us, grateful for the trust you have bestowed, mindful of the sacrifices borne by our ancestors. I thank President Bush for his service to our nation, as well as the generosity and cooperation he has shown throughout this transition. Forty-four Americans have now taken the presidential oath. The words have been spoken during rising tides of prosperity and the still waters of peace.
Yet, every so often the oath is taken amidst gathering clouds and raging storms. At these moments, America has carried on not simply because of the skill or vision of those in high office, but because We the People have remained faithful to the ideals of our forbearers, and true to our founding documents. So it has been. So it must be with this generation of Americans. That we are in the midst of crisis is now well understood.
Our nation is at war, against a far-reaching network of violence and hatred. Our economy is badly weakened, a consequence of greed and irresponsibility on the part of some, but also our collective failure to make hard choices and prepare the nation for a new age. Homes have been lost; jobs shed; businesses shuttered. Our health care is too costly; our schools fail too many; and each day brings further evidence that the ways we use energy strengthen our adversaries and threaten our planet. These are the indicators of crisis, subject to data and statistics.
Less measurable but no less profound is a sapping of confidence across our land - a nagging fear that America's decline is inevitable, and that the next generation must lower its sights. Today I say to you that the challenges we face are real.
They are serious and they are many. They will not be met easily or in a short span of time. But know this, America - they will be met. On this day, we gather because we have chosen hope over fear, unity of purpose over conflict and discord. On this day, we come to proclaim an end to the petty grievances and false promises, the recriminations and worn out dogmas, that for far too long have strangled our politics. We remain a young nation, but in the words of Scripture, the time has come to set aside childish things.
The time has come to reaffirm our enduring spirit; to choose our better history; to carry forward that precious gift, that noble idea, passed on from generation to generation: the God-given promise that all are equal, all are free, and all deserve a chance to pursue their full measure of happiness.
In reaffirming the greatness of our nation, we understand that greatness is never a given. It must be earned. Our journey has never been one of short-cuts or settling for less. It has not been the path for the faint-hearted - for those who prefer leisure over work, or seek only the pleasures of riches and fame. Rather, it has been the risk-takers, the doers, the makers of things - some celebrated but more often men and women obscure in their labor, who have carried us up the long, rugged path towards prosperity and freedom.
For us, they packed up their few worldly possessions and traveled across oceans in search of a new life. For us, they toiled in sweatshops and settled the West; endured the lash of the whip and plowed the hard earth. For us, they fought and died, in places like Concord and Gettysburg; Normandy and Khe Sahn. Time and again these men and women struggled and sacrificed and worked till their hands were raw so that we might live a better life. They saw America as bigger than the sum of our individual ambitions; greater than all the differences of birth or wealth or faction.
This is the journey we continue today. We remain the most prosperous, powerful nation on Earth. Our workers are no less productive than when this crisis began. Our minds are no less inventive, our goods and services no less needed than they were last week or last month or last year. Our capacity remains undiminished. But our time of standing pat, of protecting narrow interests and putting off unpleasant decisions - that time has surely passed. Starting today, we must pick ourselves up, dust ourselves off, and begin again the work of remaking America. For everywhere we look, there is work to be done.
The state of the economy calls for action, bold and swift, and we will act - not only to create new jobs, but to lay a new foundation for growth. We will build the roads and bridges, the electric grids and digital lines that feed our commerce and bind us together. We will restore science to its rightful place, and wield technology's wonders to raise health care's quality and lower its cost. We will harness the sun and the winds and the soil to fuel our cars and run our factories. And we will transform our schools and colleges and universities to meet the demands of a new age. All this we can do. And all this we will do.
Now, there are some who question the scale of our ambitions - who suggest that our system cannot tolerate too many big plans.
Their memories are short. For they have forgotten what this country has already done; what free men and women can achieve when imagination is joined to common purpose, and necessity to courage. What the cynics fail to understand is that the ground has shifted beneath them - that the stale political arguments that have consumed us for so long no longer apply.
The question we ask today is not whether our government is too big or too small, but whether it works - whether it helps families find jobs at a decent wage, care they can afford, a retirement that is dignified. Where the answer is yes, we intend to move forward. Where the answer is no, programs will end. And those of us who manage the public's dollars will be held to account - to spend wisely, reform bad habits, and do our business in the light of day - because only then can we restore the vital trust between a people and their government. Nor is the question before us whether the market is a force for good or ill.
Its power to generate wealth and expand freedom is unmatched, but this crisis has reminded us that without a watchful eye, the market can spin out of control - and that a nation cannot prosper long when it favors only the prosperous. The success of our economy has always depended not just on the size of our Gross Domestic Product, but on the reach of our prosperity; on our ability to extend opportunity to every willing heart - not out of charity, but because it is the surest route to our common good. As for our common defense, we reject as false the choice between our safety and our ideals.
Our Founding Fathers, faced with perils we can scarcely imagine, drafted a charter to assure the rule of law and the rights of man, a charter expanded by the blood of generations. Those ideals still light the world, and we will not give them up for expedience's sake. And so to all other peoples and governments who are watching today, from the grandest capitals to the small village where my father was born: know that America is a friend of each nation and every man, woman, and child who seeks a future of peace and dignity, and that we are ready to lead once more.
Recall that earlier generations faced down fascism and communism not just with missiles and tanks, but with sturdy alliances and enduring convictions. They understood that our power alone cannot protect us, nor does it entitle us to do as we please. Instead, they knew that our power grows through its prudent use; our security emanates from the justness of our cause, the force of our example, the tempering qualities of humility and restraint. We are the keepers of this legacy. Guided by these principles once more, we can meet those new threats that demand even greater effort - even greater cooperation and understanding between nations.
We will begin to responsibly leave Iraq to its people, and forge a hard-earned peace in Afghanistan. With old friends and former foes, we will work tirelessly to lessen the nuclear threat, and roll back the specter of a warming planet. We will not apologize for our way of life, nor will we waver in its defense, and for those who seek to advance their aims by inducing terror and slaughtering innocents, we say to you now that our spirit is stronger and cannot be broken; you cannot outlast us, and we will defeat you. For we know that our patchwork heritage is a strength, not a weakness.
We are a nation of Christians and Muslims, Jews and Hindus - and non-believers. We are shaped by every language and culture, drawn from every end of this Earth; and because we have tasted the bitter swill of civil war and segregation, and emerged from that dark chapter stronger and more united, we cannot help but believe that the old hatreds shall someday pass; that the lines of tribe shall soon dissolve; that as the world grows smaller, our common humanity shall reveal itself; and that America must play its role in ushering in a new era of peace.
To the Muslim world, we seek a new way forward, based on mutual interest and mutual respect. To those leaders around the globe who seek to sow conflict, or blame their society's ills on the West - know that your people will judge you on what you can build, not what you destroy. To those who cling to power through corruption and deceit and the silencing of dissent, know that you are on the wrong side of history; but that we will extend a hand if you are willing to unclench your fist.
To the people of poor nations, we pledge to work alongside you to make your farms flourish and let clean waters flow; to nourish starved bodies and feed hungry minds. And to those nations like ours that enjoy relative plenty, we say we can no longer afford indifference to suffering outside our borders; nor can we consume the world's resources without regard to effect. For the world has changed, and we must change with it.
This is the meaning of our liberty and our creed - why men and women and children of every race and every faith can join in celebration across this magnificent mall, and why a man whose father less than sixty years ago might not have been served at a local restaurant can now stand before you to take a most sacred oath. So let us mark this day with remembrance, of who we are and how far we have traveled. In the year of America's birth, in the coldest of months, a small band of patriots huddled by dying campfires on the shores of an icy river. The capital was abandoned. The enemy was advancing. The snow was stained with blood.
At a moment when the outcome of our revolution was most in doubt, the father of our nation ordered these words be read to the people:
"Let it be told to the future world...that in the depth of winter, when nothing but hope and virtue could survive...that the city and the country, alarmed at one common danger, came forth to meet [it]."
America. In the face of our common dangers, in this winter of our hardship, let us remember these timeless words. With hope and virtue, let us brave once more the icy currents, and endure what storms may come. Let it be said by our children's children that when we were tested we refused to let this journey end, that we did not turn back nor did we falter; and with eyes fixed on the horizon and God's grace upon us, we carried forth that great gift of freedom and delivered it safely to future generations."
Buen pensamiento de Martín Descalzo para estos días de zozobra mundial
Por eso, cada vez me propongo metas menores. Ya no sueño con cambiar el mundo, y a veces me parece bastante con cambiar un tiesto de sitio. Y, sin embargo, otras veces pienso que, pequeñas y todo, esas cosillas que logramos hacer podrían llegar a ser hasta bastante importantes. Y entonces, en los momentos de desaliento, me acuerdo de una oración de cristianos brasileños que una vez escuché y que no he olvidado del todo, pero que, reconstruida ahora por mí, podría decir algo parecido a esto:
Sí, ya sé que sólo Dios puede dar la vida; pero tú puedes ayudarle a transmitirla.
Sólo Dios puede dar la fe, pero tú puedes dar tu testimonio.
Sólo Dios es el autor de toda esperanza, pero tú puedes ayudar a tu amigo a encontrarla.
Sólo Dios es el camino, pero tú eres el dedo que señala cómo se va a Él.
Sólo Dios puede dar el amor, pero tú puedes enseñar a otros como se ama.
Dios es el único que tiene fuerza, la crea, la da; pero nosotros podemos animar al desanimado.
Sólo Dios puede hacer que se conserve o se prolongue una vida, pero tú puedes hacer que esté llena o vacía.
Sólo Dios puede hacer lo imposible; sólo tú puedes hacer lo posible.
Sólo Dios puede hacer un sol que caliente a todos los hombres; sólo tú puedes hacer una silla en la que se siente un viejo cansado.
Sólo Dios es capaz de fabricar el milagro de la carne de un niño, pero tú puedes hacerle sonreír.
Sólo Dios hace que bajo el sol crezcan los trigales, pero tú puedes triturar ese grano y repartir ese pan.
Sólo Dios puede impedir las guerras, pero tú pues no reñir con tu mujer o tu hermano.
Sólo a Dios se le ocurrió el invento del fuego, pero tú puedes prestar una caja de cerillas.
Sólo Dios da la completa y verdadera libertad, pero nosotros podríamos, al menos, pintar de azul las rejas y poner unas flores frescas en la ventana de la prisión.
Sólo Dios podría devolverle la vida del esposo a la joven viuda; tú puedes sentarte en silencio a su lado para que se sienta menos sola.
Sólo Dios puede inventar una pureza como la de la Virgen; pero tú puedes conseguir que alguien, que ya las había olvidado, vuelva a rezar las tres avemarías.
Sólo Dios puede salvar al mundo porque sólo Él salva, pero tú puedes hacer un poco más pequeñita la injusticia de la que tiene que salvarnos.
Sólo Dios puede hacer que le toque la Primitiva a ese pobre mendigo que tanto la necesita; pero tú puedes irle conservando esa esperanza con una pequeña sonrisa y un "mañana será".
Sólo Dios puede conseguir que reciba esa carta la vecina del quinto, porque Dios sabe que aquel antiguo novio hace muchos años que la olvidó; pero tú podrías suplir hoy un poco esa carta con un piropo y una palabra cariñosa.
En realidad, ya ves que Dios se basta a sí mismo, pero parece que prefiere seguir contando contigo, con tus nadas, con tus casi -nadas.